Cómo afrontar la vida y la muerte

Cómo afrontar la vida y la muerte
por Andrés McAlister

Este artículo trata sobre una experiencia que viví recientemente y cómo el coaching me ayudó. Hace poco falleció mi cuñado. Yo acababa de regresar de Uruguay a los Estados Unidos después de pasar unas largas vacaciones con mi familia. A la semana de estar en Washington, D.C., recibí una llamada de mi hijo, que me avisó que mi cuñado había fallecido. Llamé a mi agente de viajes y a las cuatro de la tarde ese mismo día estaba en el aeropuerto Reagan National para comenzar mi viaje de regreso a Uruguay, con la esperanza de llegar a tiempo para estar con mi hermano y mi familia en este momento tan emotivo de nuestras vidas. Después de reservar un vuelo con dos escalas y tres cambios de avión llegué a Montevideo. Literalmente salí volando del avión y del aeropuerto, donde mi hermana me estaba esperando con el auto. Ella me llevó rápidamente al Cementerio del Norte, donde familiares y amigos se habían reunido para presenciar la ceremonia. Los primeros en verme fueron mi cuñada y uno de mis primos y nos confundimos en un triple abrazo. Un poco después, mi hermano, que estaba en medio de otro abrazo, me vio por el rabillo del ojo y en seguida nos unimos en el reencuentro. De más está decir que todo esto fue muy emotivo. Caminamos juntos hacia el ataúd y nos comunicamos en silencio con nuestro ser querido. Le transmití algunos cariñosos pensamientos y nos alejamos con mi hermano en conmovedora comunión. Decidí quedarme algunas semanas con mi hermano y el resto de mi familia, para ayudar a sanarlos y sanarme luego de esta muerte totalmente inesperada. Realmente pone las cosas en perspectiva. A veces vivimos nuestras vidas como si fueran a durar para siempre y en realidad podemos morir en cualquier momento. Damos prioridad a todo menos a lo realmente importante, como pasar tiempo con nosotros mismos y con nuestros seres queridos. Creemos que la muerte sólo les ocurre a los demás. La vida nos da sorpresas. A mí sí que me sorprendió. Nuestra familia está mucho más unida y hemos compartido momentos valiosos juntos, como individuos y como grupo. Me he relacionado con parte de la familia con la que no solíamos vernos a menudo. ¿Por qué no podemos hacer esto cuando tenemos todo el tiempo del mundo? Esta es simplemente una pregunta retórica. Pasé un largo tiempo en Montevideo sin ningún apuro por mantenerme ocupado, como suelo hacer cuando estoy de visita. Reviví emociones que había dejado de lado y había reprimido muy dentro de mí. Al soltar las emociones como coach me inundan otras más profundas. A veces han sido tan fuertes que he tenido que parar en medio de la calle para procesarlas y recuperar el equilibrio. Creo que mi presencia aquí en Uruguay ha hecho una gran diferencia para mi hermano, para mi familia y, desde luego, para mí. He podido apoyar a mi familia, que me ha hecho sentir que soy parte integral del núcleo cercano y hemos recuperado algo de lo que habíamos perdido por haber estado tan lejos durante tanto tiempo. Estoy seguro de que esta experiencia nos dará toda la energía que necesitamos para vivir nuestras vidas separados pero en mayor comunión. Gonzalo, te echamos de menos físicamente, pero tu espíritu permanecerá por siempre en nuestros corazones. Traducido del inglés por Susana Medina-Day