Cómo Ser Un Gran Padre

Cómo ser un gran padre
por Andrés McAlister

Como padre de dos hijos, mi experiencia ha sido fantástica. Cada uno, a su manera, me ha dado las vivencias más maravillosas. Estoy seguro que gracias ellos he sido bendecido y he aprendido las cosas más importantes de la vida.

Cada uno de mis hijos ha tenido una experiencia diferente y propia. Uno solía ser muy impulsivo, pero ha aprendido a manejar sus impulsos en la vida. Todavía es muy impulsivo, pero ahora canaliza esas fuerzas de una manera muy productiva, ya sea en su trabajo o para decirme qué tengo que hacer de mi vida. ¡Cómo cambian o se dan vuelta las cosas! Él, con sus veintisiete jóvenes y sabios años, ahora me habla del modo en que yo solía hablarle.

Mi hijo menor, que ahora tiene veinticuatro años, es reservado, decidido y fuerte. Él también ahora me dice qué hacer. Ambos son extremadamente afectuosos; es estimulante verlos desenvolverse, tanto en el deporte como socialmente. Es increíble ver su capacidad de relacionamiento con todo el mundo y su adaptación a las diferentes culturas, ya que, aunque vivieron toda su vida en el área de Washington, D.C., viajan frecuentemente a Uruguay y a otros países. En el deporte, ambos fueron capitanes de sus equipos, líderes natos dentro y fuera del campo.

Mis dos hijos son muy activos, muy “físicos”, uno es más extrovertido y el otro, aunque más reservado, cuando habla se vuelve apasionado.

Las diferentes etapas de sus vidas estuvieron marcadas por variadas experiencias. Mi divorcio de su madre, ir de una escuela a otra, inscribirse en universidades y lograr integrar equipos deportivos, son ejemplos de lo bien que se adaptan.

Como padre a veces he tenido que intervenir y ayudarlos en sus altibajos. Saber cuándo intervenir y cuándo dejar que ellos adquieran su propia experiencia requiere mantener un delicado equilibrio. Cuanto más un padre deje que sus hijos vivan sus propias experiencias, mejor será para todos. Adquirir su propia experiencia refuerza su autoestima y les sirve de apoyo para cuando uno no está.

Entender lo que los hijos realmente quieren es un importante ejercicio de desprendimiento para los padres. Darles su espacio y exponerlos a la mayor cantidad posible de cosas buenas de la vida los ayuda a desarrollar sus preferencias, conocerse a sí mismos y saber lo que realmente quieren. En realidad, el mejor enfoque es evitar interferir en su camino, pero manteniendo a la distancia una mirada atenta hacia ellos.

Escuchar a nuestros hijos siempre es una buena idea, aunque no es algo que practiquemos muy a menudo. Están llenos de ideas renovadoras aunque, a veces, esas ideas van en contra de nuestras creencias. Siempre podemos aprender el uno del otro si nos escuchamos y comunicamos.

Pasar tiempo con mis hijos siempre ha sido una experiencia gratificante. A veces en un viaje o paseando al aire libre teníamos los debates más profundos y difíciles, pero siempre terminábamos entendiendo mejor los problemas del otro y sintiéndonos más frescos y un escalón por encima de donde estábamos antes del viaje o del medio día de caminata al aire libre.

Algunas reflexiones finales (dedicadas a mis hijos): Todavía recuerdo cuando íbamos a los partidos y cantábamos a voz en cuello las canciones del gran músico Rubén Rada para que ustedes se entusiasmaran. ¡Qué momento! Y cómo les reconozco su particular sentido del humor en las ocasiones más inesperadas.

Andrés y Felipe, los amo. Gracias por todas las experiencias que me han regalado hasta el día de hoy; aguardo con anticipación las que están por venir.

Ustedes son mi legado.